Por qué no mencionar lo que a muchos nos sucede: La falta de intimidad.
Es cierto que cuando nace un hijo, éste pasa a ser el punto de atención, física, mental y sentimental.
Se habla y mucho, de la depresión pos-parto. La madre, evidentemente, es quién lleva la parte más dura. Sólo tenemos que pensar los cambios experimentados en los últimos nueve meses. Ha tenido que adaptarse y aceptar, que un nuevo ser está formándose y creciendo, en su interior. Existe una fuerte presión psicológica y anímica, que las parejas sólo podríamos comprender si lo sufriéramos en nuestra propias carnes.
Quienes decidimos que, el embarazo, fuera cosa de dos, estamos mucho más cerca de la realidad. Aún, entonces, estamos distantes de conocerla.
Pero después la vida, en su punto más exigente, solicita nuestra máxima muestra de generosidad.
Creo que muchos saben de qué hablo. No existe "tiempos muertos". El hij@ es la primera persona en la familia. La pareja pasa a ser, al menos durante un tiempo, un apoyo.
No forcemos las situaciones, ni nos obsesionemos en ello. Cabe estar unidos y que la "vida siga su curso"
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