Grandes Hospitales para “pocos profesionales”(I)
Visita al Hospital Ramón y Cajal de Madrid (Mayo 2011) para evaluar la posible displasia de cadera de nuestro hijo.
Uno puede llegar desconcertado a un hospital, cuando lo envía su pediatra. Las dudas del por qué está allí y, por qué no, el miedo a lo desconocido, hacen que a los padres nos tiemblen las piernas.
Después aparecen multitud de acciones/omisiones que nos desprotegen, coaccionan, amedrantan e incluso nos hacen dudar de nuestro propio y valioso papel.
No quiero, ni pretendo, hablar de la cuestión de conocimientos médicos de nuestros facultativos, pero sí quiero y debo hacerlo, sobre la humana relación que muestran.
Podría, por ejemplo hacer una pequeña lista. ¿La hago?:
- Jamás tendrían que discutir entre ellos, aunque no se lleven bien, delante de los pacientes.
- No pueden hablar al paciente de la inoperancia de la dirección.
- Un departamento, no puede hablar mal de otro, aún a sabiendas de que fuera verdad, para no crear indefensión y duda al paciente
- Los doctores tendrían que estar obligados a mirar al paciente a los ojos, cuando hablen con él directamente, si no, mejor que lo digan por escrito ( Y que se entienda)
- Si no se está seguro, mejor que no lo diga. Y si lo dice, al menos que lo haga mediante una explicación lógica y coherente
- Jamás un médico debe recomendar que lo que ha recetado se compre en un lugar concreto. Da muy mal rollo.
Ésta y otras cuestiones, se me plantean después de una visita para que diagnostiquen una posible displasia de cadera a mi hijo. No pretendo decir que “la seguridad social no funciona”. Simplemente que los que estamos a un LADO DE LA MESA , necesitamos que los del OTRO LADO, sepan que ponemos nuestra salud y nuestras vidas en su manos, aún sin conocerles. Todos podemos ser un poco más humanos, ¿no es así?
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