Mientras observo ahora su sonrisa, al despertar de la mañana, vuelvo la vista al pasado. Tiempo en el que mi pareja, diez años menor, y yo, nos planteamos la posibilidad de tener un bebé. A ella, a los cuarenta y un años, los riesgos y la posibilidad de quedar embarazada le inquietaban. A mi, el tiempo se me escapaba por todos los poros de la piel. La ilusión. El deseo de tener una criatura fruto de un amor apasionado, fue la decisión correcta y más difícil que tomase jamás. Los resultados no se hicieron esperar, más bien nos sorprendieron. Para quién crea que la edad físicamente es un impedimento, lo siento pero, no es correcto.
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